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‘El palo no está para cucharas’, cambio de uniformes de la Policía Nacional, pésima estrategia para la Seguridad Ciudadana, columna de opinión del abogado Jorge Iván Mina Lasso

Nuevos Uniformes

El ministro de Defensa, Diego Molano, y el director de la Policía, general Jorge Luis Vargas Valencia, presentando los nuevos uniformes de la institución.

‘El palo no está para cucharas’, cambio de uniformes de la Policía Nacional, pésima estrategia para la Seguridad Ciudadana

Se está hablando de un cambio de uniformes, como si con ese maquillaje se fuera a mejorar la imagen institucional. Es mejor escuchar el clamor ciudadano, que aconseja otro camino, que se invierta en el bienestar de los policías y de paso en la seguridad de los colombianos.

 

OPINIÓN

Lunes, 22 de marzo del 2021

Jorge Iván Mina Lasso.Por Jorge Iván Mina Lasso

Abogado penalista

Administrativo y de Seguridad Nacional.

En esta nota desarrollaré el pensar por parte de personas allegadas a la Policía Nacional, en lo que tiene que ver con una discusión innecesaria en torno a un cambio de imagen, de los uniformes de los policías, cuando la verdadera problemática –que amerita intensos debates– es la inseguridad.

Dicho cambio de uniformes además de ser un gasto innecesario en tiempo de crisis, provocada por la pandemia, podría terminar por afectar el componente de Seguridad Ciudadana, especialmente en los centros urbanos y en la capital de nuestro país.

Cada vez que hay cambios en la Policía Nacional siempre surgen expectativas, sin embargo, el paso por esta institución del general Óscar Atehortúa, a quién vimos con buenos ojos en sus inicios en la Dirección,  generó muchas expectaciones, incluso al cierre de su administración, gestionando ante el Gobierno Nacional y el Congreso de la República la posibilidad presentar una iniciativa de reforma al estatuto de carrera y ascensos, sintetizados en el proyecto de ley 364 de 2020.

Este proyecto de ley,  en el que muchos uniformados de la Policía Nacional, en especial patrulleros antiguos que ingresaron a su institución en 1998, 1999, 2000, 2001, 2002, 2003 (…), esos que hoy ostentan el mismo grado (sin ser ascendidos) con más de 10, 15, 20 y más años de servicio, y que vieron en esa reforma una luz al final del túnel, la llegada de un paquete de beneficios que permitieran estabilizar la carrera del Nivel Ejecutivo y cerrar las brechas existentes entre grados o que se le brindará la posibilidad de poder ascender por antigüedad.

Dicha perspectiva se fue desvaneciendo cuando al proyecto de ley 364 2020 dejó de ser una iniciativa en beneficio de la población policial, como de las expectativas de percepción ciudadana de la seguridad para la población colombiana. Esto pasó cuando al estilo de vieja data se le fue colgando cantidad de micos jurídicos; rompiendo criterios de unidad de materia legislativa, puesto que se convirtió en la posibilidad de legislar sobre negocios e intereses al interior de la institución. Me refiero, a la creación de bancos y lo que hoy genera toda la atención del país: la propuesta del nuevo Director, el señor general Jorge Vargas Valencia, con el cambio de uniformes y colores e insignias de las patrullas.

Parece ser que el programa bandera del señor Director de la Policía Nacional sea la de llevar una discusión inocua al Congreso de la República, el tal cambio de uniformes, supuestamente basados en estándares internacionales, eso ha dicho el mando institucional.

Esto toca ser llevado a la reflexión, partiendo de que si en realidad existe la imperiosa necesidad de cambiar el diseño de los uniformes, cambiar el color de las insignias de la Policía Nacional, desaparecer el verde oliva que llevan  en el corazón de activos, pensionado y personal con asignación de retiro. Así también el de millones de personas que llevan en su corazón la policía de todos los colombianos, esos que quieren como familia a una institución bajo la tonalidad verde oliva.

Suena exagerado, pero es así, que  ese cambio en la Policía es bastante  drástico y nos resolvemos a decir que pasar de un extremo a otro, del verde oliva al azul, no es la mejor opción.

Existen razones valederas, que  no es menos cierto que ese color lo utilizan por lo menos dos o tres empresas de seguridad privada. Es decir, que dejaríamos de ser diferentes para parecernos a muchos.

Pero lo más complejo es lo que esto forjaría, a que haya un cambio, de manera simultánea, el del verde y blanco de miles de patrullas uniformadas. Es decir, a latonería y pintura, porque no se pintará sobre las magulladuras y el óxido, un gran gasto innecesario en momentos en que el país atraviesa por la mayor crisis económica como consecuencia de la pandemia que provocó el  COVID-19.

Como es sabido por la comunidad jurídica la iniciativa para estas modificaciones en la Policía Nacional corresponde al Ejecutivo, que debatirá el asunto preciso cuando los colombianos tenemos nuestra atención en la actual crisis.

Debo llamar la atención para que se enciendan las alarmas, de cómo a través del proyecto de ley 364 de 2020 se podría abril una brecha para derrumbar una sólida institución como la Policía Nacional.

La historia reciente nos muestra, para no equivocarnos, de lo que se debe y no se debe hacer. Se han desmontado reformas a la Fuerza Pública, en la que la izquierda y suscriptores de los Acuerdos de La Habana, han buscado por todos los medios propiciar cambios institucionales. Es que es de reserva del Ejecutivo, a través del Gobierno, presentar reformas a las instituciones castrenses y que hoy a través de un proyecto de iniciativa del Gobierno (Proyecto de ley 364 de 2020), se podrían revivir –aprovechando la coyuntura– esas discusiones de modificar las estructuras y las bases constitucionales de la Policía Nacional.

Es decir, que con esto estaríamos convocando a la extrema izquierda a una pesca en río revuelto, generando un innecesario riesgo, de que se trastoquen esas bases constitucionales de una institución con más de 124 años de historia patria.

Repito, quiero encender las alarmas para que aquellas personas de quién ostentan el poder político y el poder legislativo, entren a participar en una ociosa discusión, del cambio de uniformes y colores de las patrullas a policiales, les están entregando las llaves a quienes buscan destruir la estabilidad de la Policía Nacional.

Resulta más provechoso que gastemos tiempo en buscar una solución política y legislativa a la problemática que afrontan 91.000 patrulleros con los que cuenta la Policía Nacional, que se ven frustrados en sus carreras institucionales al no ser ascendidos, mientras el tiempo sigue pasando.

Ante esa falta de consideración institucional les ha tocado sacar adelante a sus familias con el mismo salario desde hace 5, 10, 15, 20 años, y hasta más, de servicio. Sin embargo, no se puede permitir que se mal aproveche la expectativa depositada en el Congreso de la República, para apuntarle a lo que considero no sólo un detrimento patrimonial, porque no se ha pensado que se va hacer con los uniformes que se encuentra en los depósitos de logística. También, vuelvo a decirlo,  se sacrificaría la percepción de seguridad que a través de la historia se ha posesionado con un color y un uniforme glorioso de la institución Policía Nacional.

Tampoco hemos puesto la mirada en los pequeños y medianos empresarios, los que por años, se han ocupado en la fabricación de los uniformes, que se verían afectados con dicha decisión de la nueva Dirección.

Otra cosa, no se puede permitir que en un año político, cuando avecinan las campañas electorales se pretenda generar discusiones de tan alta complejidad afectando la estabilidad jurídica de la Policía Nacional,  bajo una legislatura mediática, en la cual congresistas, directores y Gobierno pretenden generar una satisfacción a sus electores provocando una percepción de que todo se vale y atentar contra una institución querida por los colombianos.

Ya hemos observado como recientemente la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia pretendió a través de sentencias judiciales, bajo la figura de la tutela, instalar un gobierno de jueces queriendo desmontar el  Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad). Se ha querido deslegitimar el uso de la fuerza y los medios de policía, de lo cual estamos llamados a la defensa institucional.

No se compadece que en medio de orgullos personales, como el de querer pasar a la historia,  como el último director uniformado de la Policía Nacional, se pretenda ser permisivo y se haga un fortín de reforma en la Institución. Esto, para satisfacer la voluntad legislativa de diversos sectores que verán el momento como una revancha para reformar sus bases constitucionales de la Policía Nacional.

Jorge Iván Mina Lasso

Columnista invitado de EL HOME NOTICIAS

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Leo Medina Jiménez
Leo Medina Jiménez
Editor general /El Home Noticias. Periodista.

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