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Cual naufragio del Titanic, columna de opinión del escritor y abogado colombiano Rodrigo Zalabata

Titanic.

El Titanic, un timón pequeño para semejante mole indicaba que tenía el poder para manejar la vida de tanta gente con un dedo. (Foto cortesía: @Pixabay).

Cual naufragio del Titanic

 

OPINIÓN

Sábado, 22 de agosto del 2020

 

Rodrigo Zalabata Vega.

Si viajamos en la historia para desentrañar el misterio apocalíptico que vive hoy la humanidad, por más que imploremos la providencia del cielo, así escrutemos las verdades que da la razón y nos refugiemos al temporal de la existencia en la balsa salvadora de la religión, saldría mejor a flote en la metáfora trágica del Titanic.

Y tiene que ver cómo el hombre moderno se ha dado el destino al que cree arribar: los medios que lo llevan al fin del mundo.

El afán de llegar a ser primero hizo construir aquel barco mitológico, que podría viajar a salpicones en los mares apenas mojándose los zapatos como en charcos de lluvia, con una voluntad forjada de hierro y un ego acorazado en su armadura, hasta hacerlo creer inhundible el creador de dios, en medio de un océano en el que se han ahogado en el pasado cardúmenes de criaturas marinas fantásticas que harían ver al Titanic como una lata sardinas.

Como una película de la historia, si miramos esta tragedia en tiempo real toda la sociedad moderna está representada en ese solo hecho, y como si fuera hoy nos refleja en el futuro que vivimos de ese pasado.

En la idea de que solo podemos alcanzar el horizonte en la nave representada en la empresa económica, capaz de sobreaguar por encima de la naturaleza.

Porque el capitalismo crea el fetiche de los medios que representan el capital, sin mencionar la gente que construye esa riqueza, ocultando la fuerza que lo impulsa y arrogándose el fin al que llegan esos medios, cuyas banderas nacionales levantan la mentira oficial de la integridad del cuerpo social.

Para ello crea un discurso de aventura y de la buena fortuna personal: la idea de la finalidad de la vida es alcanzar la riqueza al atracar en puerto seguro; por eso la muerte social pasa a un segundo plano y se normaliza si la genera el sistema.

Así se presentaba el Titanic, amasado en el capital de una empresa, avante, monolítico, con ínfulas autosuficientes, pero en su interior las gentes viajaban juntas en tres clases de abordo perfectamente separadas.

En el nivel superior estaba la clase alta, apropiada del destino de la embarcación, en el barco más grande y lujoso de la historia, el empresariado más poderoso del mundo establecía una ruta de celebración permanente entre su viejo continente y el nuevo mundo que siglos atrás habían asaltado y tomado como un continente a la deriva en el mar, el cual se repartieron como un botín de guerra entre piratas y corsarios, que al legalizar su actividad empresarial devinieron en augustos lores.

Debajo, una clase media que soplaba las velas del barco a vapor con el sueño de arribar al lugar de grandes empresarios, así tuvieran que empeñar sus vidas y pagar por ello a ellos, navegaba al tiempo en mares de babas para llegar a ser como quienes no los dejaban ser.

Al fondo, una clase operaria subida para atizar las calderas de combustión, era la encargada de movilizar la nave industriosa que hacía posible la empresa, pero su propio viaje se reducía a ir y venir como pieza insustituible de la embarcación, para llegar de vuelta al lugar de arribo de su partida, su misma casa, a donde llevar el pan al que se reducía el destino de quienes los esperaban.

Un timón pequeño para semejante mole indicaba que tenía el poder para manejar la vida de tanta gente con un dedo, solo dirigido a llevar a su destino a la empresa sin tormentas, más allá de su negocio de viajar personas de un lado a otro.

Los botes salvavidas equipados eran menos de los necesitados si el barco naufragara. Lo cual abre la pregunta si en el fondo se creía inhundible o si de naufragar no eran tantos ni tontos los que importaba salvar.

 

Pero ocurrió lo inesperado, la tímida naturaleza asomó de sí misma y le haría chocar con su soberbia. Un iceberg no visto en el infinito océano haría estrellar el barco contra una noche de estrellas. La sociedad naviera vio quebrar su más grande logro ante sus ojos incrédulos.

 

Lo imposible sucedió, el barco inhundible se hundió, cuyo mito nos hizo creer la tragedia de la embarcación y no de quienes murieron en ella. Lo inconfesable era el verdadero drama sepultado en su historia. Dentro quedaba la tercera clase que fue encerrada en su nivel inferior y no se le permitió llegar a cubierta a luchar por su vida después de haber luchado toda la vida por ellos, en pago de quienes los dejaron morir sin hacer nada.

Es el resumen de la sociedad moderna organizada como una empresa económica, si nos contraemos a la metáfora real del Titanic, que para hacerse rentable tiene que ahorrarse los muertos que ella misma produce.

Por ese mismo hecho, el destino del viaje del Titanic es el fin al que hemos llegado, en estos momentos en que la humanidad estertórea convulsiona en cama de una naturaleza generosa que al brindarnos todo le hemos cortado la mano, asomada pide auxilio al chocarnos con un virus invisible con el que no contábamos, que nos ahoga y parte en dos nuestra embarcación diligente, en la que de creernos que somos naufragamos en la nada como fantasmas del pasado.

Entre tanto, la clave del apocalipsis la darán los músicos que seguirán tocando mientras el barco termina de hundirse.

Es la paradoja que cuenta la historia, un ser mitológico que para narrarse vivo devora a sus propios muertos, solos los que renacen en la memoria para animar la fiesta del relato.

Columnista invitado por el HOME NOTICIAS

 Rodrigo Zalabata Vega

E–mail: rodrigozalabata@gmail.com

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Leo Medina Jiménez
Leo Medina Jiménez
Editor general /El Home Noticias. Periodista.

5 Comments

  1. Jorge dice:

    Dr. Rodrigo, excelente su artículo una realidad del presente.

  2. Mina Daza dice:

    Rodri disculpa la confianza . Así te siento gracias por tan excelente Árticulo

  3. Marieclaire Uribe dice:

    Que forma más perspicaz y realista como describes tan inimaginable tragedia del pasado y la actual; aunque concentrados en la noticia del momento hemos olvidado a los realmente afectados en cada una de las historias mencionadas…esperemos que todos podamos abordar en caso de tocarnos en su momento esos botes salvavidas!
    Execelente artículo

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