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Lo dicho: los nuevos uniformes no le devolvieron la seguridad a los colombianos

Atracador, ladrón.

Los ciudadanos en Colombia están a merced de la delincuencia, aumentan los atentados y los atracos callejeros. (Foto: cortesía Pixabay).

Lo dicho: los nuevos uniformes no le devolvieron la seguridad a los colombianos

El aumento de los asesinatos, atracos callejeros, asaltos a establecimientos y hasta atentados contra estaciones de Policía, hechos en los últimos días, demuestra el alto grado de inseguridad en Colombia. Entre tanto la Institución está ocupada en la implementación del cambio de apariencia.

OPINIÓN

Por: Leo Medina Jiménez

Editor general EL HOME NOTICIAS

Lunes 30 de agosto del 2021

Un nuevo atentado a una de las instalaciones más custodiadas por las autoridades, Primer Distrito de Policía en Cúcuta, demuestra el alto grado de vulnerabilidad al que está siendo sometido el país.

En la mañana de este lunes 30 de agosto, a las 6:40, cuando los policías se alistaban a realizar el cambio de guardia, desconocidos lanzaron un artefacto explosivo que por fortuna no dejó víctimas fatales. Eso sí, se informa de un saldo de siete policías y cuatro civiles heridos.

Esto ocurrió en el norte de la ciudad fronteriza con Venezuela, exactamente en uno de los sectores de mucha circulación de personas, la Ciudadela Juan Atalaya.

Es un hecho que no se puede dejar pasar por alto, que debe ser sumado a la inseguridad, porque las afectaciones ya no son solo contra los policías en las calles, como ocurrió el pasado fin de semana en Suba, al norte de Bogotá, cuando el patrullero Luis Edilberto Ocampo Ramos, de 24 años y oriundo de Villavicencio, fue asesinado a manos de un ciudadano. La afectación es también de manera frontal contra las unidades y las mismas estaciones policiales.

Sé que habrá quien salga a decir que esto ocurrió cuando el uniformado intentaba mediar en una riña, que no hace parte de la inseguridad. Pero, este tipo de actos no ocurrían, que alguien atacara a un uniformado de manera alevosa sin importar las consecuencias o el respeto que se debe tener a ese representante de la autoridad. Es inconcebible.

Los atentados terroristas en la capital de Norte Santander han ido en aumento en los últimos días, sin embargo, las labores de inteligencia y contrainteligencia no muestran sus claros resultados, no hay alertas anticipadas, nada que pueda evitar y frenar esta arremetida contra la tranquilidad de los cucuteños.

Pero podemos seguir enumerando: hace una semana un policía fue asesinado cuando iba camino a su lugar de residencia y a manos de un sicario. Esto ocurrió en Neiva, Huila. Era nada menos que el subjefe del área de Responsabilidad Penal de Infancia y Adolescencia de esta ciudad, el  subintendente Andrés Mauricio Patio Torrente, de 35 años.

El pasado 19 de agosto un sicario mató a un policía en el área metropolitana de Barranquilla, en la población de Malambo, barrio Juan XXIII. La víctima de este ataque fue el patrullero Hernán Antonio Vásquez Escorcia, quien laboraba en la  Estación de Policía del Silencio, al norte de la ciudad del Atlántico.

Pero no vayamos tan lejos, no se puede dejar de mencionar lo sucedido al sur de Bogotá, en la calle 11 sur con Avenida Caracas, localidad Antonio Nariño, ese fatídico 11 de agosto del 2021, cuando los patrulleros Humberto Sabogal y Jesús Pineda resultaron baleados.

En este episodio dos atracadores que portaban armas de fuego dispararon contra los uniformados en plena vía pública. El tolimense Sabogal falleció cuando recibía atención médica, en un centro asistencial.

Entonces, si los mismos policías ya perdieron su propia seguridad, cuál puede ser la percepción ciudadana, lo que piensa el habitante de a pie, que también está sufriendo este aumento de la inseguridad.

Cabe preguntar, qué pensarán los familiares del obrero de construcción que fue vilmente asesinado, a manos de atracadores, que le arrebataron la vida por robarle su caja de herramientas. Es un hecho que ocurrió a comienzos de la semana que acaba de pasar, en Bosa, al sur de Bogotá.

No quisiera saber cuál es la opinión de los seres queridos de Daniel Felipe Rodríguez, quien solo tenía 20 años, amante del fútbol del que soñó ser un profesional. Es el joven que perdió la vida a manos de unos atracadores hace dos semanas, porque intentó evitar que le robaran su celular.

Será que ellos dirán, que los nuevos uniformes azules, con código QR, no llegaron a tiempo para que este padre de familia y el joven futbolista pudiesen estar a salvo de la delincuencia, de la inseguridad que se ha desbordado, sobre todo, porque se ha dicho que con la llegada de la nueva vestimenta todo iba a cambiar, “los policías serían más visibles, más cercanos al ciudadano”.

En esto valdría la pena hacer una evaluación de cuáles han sido los resultados ofrecidos por la actual cúpula de la Policía Nacional. La verdad es que no resiste una minuciosa evaluación de sus resultados.  O será que las cifras, todas en rojo, de este frente tan importante, de la tranquilidad del ciudadano,  se podrán eclipsar con la recordada frase: “Hoy es un día histórico” porque la Policía cambia de uniforme, la que enmarca la siempre inolvidable selfie frente a la Casa de Nariño.

Es que la inseguridad ha llegado a niveles bien altos en Colombia, que los ciudadanos no saben qué hacer, porque da miedo enterarse que atentan con explosivos contra una estación militar y hasta contra el helicóptero del Presidente, siendo que es allí en donde deben aflorar las labores de inteligencia y prevención.

Si ante esta realidad hilamos más delgado, podemos hacer que el análisis de la seguridad vaya más allá. ¿Quién era el director de Seguridad Ciudadana cuando dirigía la Policía el general Óscar Atehortúa? La respuesta hay que decirla, el mismo que es ahora Director de la  Policía, general Jorge Luis Vargas Valencia. Esta avalancha de malos resultados vino en ascenso desde entonces.

Vamos a decirlo con cifras. En la encuesta de Percepción y Victimización 2020, la que ofreció en febrero de este año la Cámara de Comercio de Bogotá,  dice textualmente: que la percepción de inseguridad aumentó 16 puntos porcentuales al pasar del 60% en 2019 al 76% en 2020. El nivel más alto en los últimos 5 años.

Pero las más afectadas, según estas cifras, fueron y siguen siendo las mujeres, las mayores víctimas del atraco callejero, porque 8 de cada 10 encuestadas –en ese mismo informe– dicen que se sienten inseguras.

La ciudadanía dijo en esa investigación social que los lugares más inseguros eran las calles del país, que pasó de un 35% a un 45%, seguido de los puentes peatonales con un22%.

Sin embargo, el procurar mejorar la seguridad en las calles, en los establecimientos públicos, en los sistemas de transportes, no ha sido la primacía, lo más importante. Las principales acciones de la Fuerza Pública, sobre todo de la Policía,  están encaminadas a agotar los esfuerzos para capturar  a Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel.

Porque la historia tiene que recordarnos, cómo y quién fue el que capturó al nuevo capo de las drogas. Claro, es que no solo Óscar Naranjo debe ser recordado como el que capturó a un ‘pez gordo’. Por eso hay que volver a atacar a la  familia Úsuga, cerrarle el círculo de acción al más buscado, hasta que decida someterse a las autoridades. ¿Cuántas veces se ha dicho que ya está cercado que no tiene escapatoria?

Nos dicen fuentes de la Casa de Nariño, que este fue uno de los compromisos que se hizo el Director de la Policía con el Presidente Iván Duque para alcanzar el cargo, también la captura de alias Iván Márquez, porque esos objetivos serían los que sepultaron aquellos señalamientos de la Fiscalía de Ecuador en contra del general Vargas.

Es cierto, son delincuentes, hay que capturarlos, porque es obligación del Estado encerrar o abatir a los criminales más peligrosos. Pero no se puede centrar que los resultados de una administración policial estén supeditados a este único y excepcional objetivo. Debe ser una parte, la otra atender el clamor ciudadano.

No, debe ser la seguridad de los ciudadanos, en las calles y hasta en sus casas, con una policía más presta, sin importar el color de sus uniformes, el que colme la atención del Estado. Una Policía en la que sus efectivos (de verde oliva o de azul) se vean comprometidos, porque se sienten apreciados, valorados, y que tienen un mando institucional que invierte en su bienestar.

Conclusión, el nuevo color no le ha devuelto la percepción de seguridad a los colombianos, que miran en las noticias que hasta las estaciones de policía son blanco de la delincuencia y los mismos policías caen a manos de los malhechores.

Hay que expresarlo sin tapujos, que se ha perdido la autoridad, que los resultados de seguridad están siendo pisoteados por la delincuencia organizada, que los policías se quedaron sin herramientas para afrontarla.

Tenemos otras preguntas: ¿Por qué la millonaria inversión de cambiarle el color a los uniformes,  patrullas, helicópteros, aviones y motos, no se orientó a la preparación de mejores policías?

Se dijo que habría una “fuerte” intervención a Bogotá, que se aumentaría el pie de fuerza con 1.500 hombres. Pero los resultados no están a la vista. ¿Dónde están esos policías?

¿Será que los generales, componente de la actual cúpula, tienen el conocimiento para afrontar la difícil tarea de devolverles la tan anhelada tranquilidad, percepción de seguridad a los colombianos?

Lo que sabemos, lo dicen oficiales en uso de buen retiro,  es que buena parte de estos altos mandos, como su Director, hacen parte de la línea de inteligencia, que poco de calle y de operatividad, es decir, que dirigen la situación desde sus oficinas, desde sus escritorios. ¿Será ese el origen de los vergonzosos resultados?

La inseguridad es una bola de nieve que está creciendo en las principales ciudades del país. El ciudadano está cansado de que le muestren cifras, como que tenemos dos menos que el año pasado. Se quieren ver resultados.

Hemos hecho este análisis aún a sabiendas de que desde la misma institución policial, desde sus altos mandos, se dirá a sus dirigidos que somos enemigos de la Policía, que no deben leer este medio de comunicación. Porque el decir de esta administración,  es que los que callan las cosas negativas y solo publican las positivas esos sí son amigos de la Policía, y los que cuestionan, los que miran más allá cada hecho, con rigor periodístico,  deben ser tratados de manera diferencial.

Por: Leo Medina Jiménez

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